La guitarra clásica llamada « de concierto » es en mi opinión la que ofrece la potencia la dinámica y la proyección indispensable para un instrumento moderno, pero también un sonido equilibrado y una gran riqueza armónica así como la capacidad de expresión artística amplia.
Mi enfoque ha sido la de asociar mis búsquedas personales sobre un legado sólido y de métodos de construcción decididamente innovantes, con el propósito de unir todas estas cualidades en un instrumento dedicado a la expresión musical libre de toda restricción.
De niño, mi mayor sueño era pisar las tablas de los más bellos escenarios internacionales, con la guitarra en mano. Es este deseo insaciable de excelencia que me llevo un par de años más tarde al Conservatorio Nacional Superior de Música de Paris, en la clase de Roland Dyens.
He aprendido gracias a este gran maestro y virtuoso a "modelar" el sonido a la manera de un escultor, y yo estoy totalmente convencido que era una "materia sonora".
He encontrado en mi guitarra de concierto de la época, el modelo "Catedral" de Gérard Audirac, con algunas de las características que dan a mi sentido un instrumento a tono con el espíritu de nuestros tiempos: sustancia, dinámica de sonido, el color, el sustento, el equilibrio de registros, la profundidad y la definición de diferentes líneas melódicas y la densidad armónica de un gran concierto.
Durante ese período conocí a Gérard Audirac, luthier de gran talento en la cima de su carrera. Yo estaba buscando mi camino mientras que mi mente se encontraba perdida en el laberinto de mi sensibilidad acabado inevitablemente paralizado sobre la escena. El me hizo una proposición sorprendente y saludable a seguir, un curso de Luthería, donde construí mi primera guitarra. Descubrí entonces que si podía tocarla e interpretar melodías, también era posible construirla con mis propias manos y obtener mágicamente un resultado que nunca imaginé.
Nuestra relación se había convertido en una amistad con el tiempo, haciendo propicio los cambios profundos de ideas de Luthería de guitarras clásicas. Con el tiempo él ha hecho de mi su heredero espiritual y su sucesor.
La belleza y la pureza de un sonido parece innegablemente de los elementos subjetivos, sin embargo su riqueza, su densidad su paleta de armonías y colores y la calidad de su equilibrio y de su proyección son características universalmente identificables. Si uno combina potencia, dinámica, precisión, sino también el control y la duración del sonido (sostenido) ofrecido por una cubierta en un instrumento de expresión innovador y moderno obtendremos lo que se refleja mi búsqueda de hoy, la guitarra clásica de un concierto perfecto...
La Luthería de guitarra clásica a evolucionado significativamente los últimos 40 años. Tomando en cuenta los avances asombrosos de las técnicas guitarrísticas a fin de ofrecer un instrumento capaz de adaptarse perfectamente al juego y a la sensibilidad del guitarrista, sin imponerle restricciones en la interpretación de la pieza que él elige. El instrumento le va a permitir expresarse plenamente y de que sea escuchado por el público sea cual sea la configuración de la sala (pequeña o grande) y de su acústica. Además, debe ser capaz de ofrecer una textura perfecta de sonido para la grabación en estudio.
La Luthería moderna también ha visto surgir las nuevas tecnologías como la "doble tabla (o sándwich", utilizando materiales compuestos) o "red" que ofrece ahora una dinámica y un poder inconcebible hace unos años. Paralelamente a esta evolución tecnológica, una luthería más tradicional sin embargo interesante, se esfuerza por revivir los cañones de Torres y de Hauser, complaciéndose de una identidad sónica más intima y caprichosa que hace su uso más difícil en las grandes salas de conciertos.
A pesar de que experimenté continuamente con materiales y nuevas tecnologías, yo utilice la madera para la construcción de mis guitarras. Me gusta pensar que este noble material no ha dado todos sus secretos y yo prefiero su carácter de sonido más que la « orgánica ».
Gracias a esta concepción original después de 35 años de búsquedas heredadas de Gérard Audirac y a un conocimiento profundo de las necesidades de un guitarrista de concierto, yo propongo un instrumento realmente innovador, que combina la belleza con la riqueza del sonido para tener el mejor rendimiento de las mejores guitarras modernas. Sin comprometer la musicalidad, la autenticidad y fidelidad de su guitarra, la sensibilidad, la profundidad y la comodidad que exige el artista de hoy en día, lleva a cabo el repertorio desde la música antigua hasta la actualidad.